jueves 29 de septiembre de 2011

Contra el alcoholismo juvenil

Hoy han salido unos datos muy interesantes sobre el alcohol que consumen los jóvenes españoles. Para mí, desde mi humilde punto de vista y como joven que soy, los veo escalofriantes, demenciales, increíbles... Cuidado, lo digo en el sentido de que es impresionante que la juventud de hoy consuma tantísimo alcohol. Por eso mismo, este mes dedico la sección Infórmate, edúcate y conciénciate a la lucha contra el consumo abusivo de alcohol.

La FAD ha hecho una campaña cuyos anuncios me parecen muy interesantes. Seguro que los habéis visto en la televisión: se trata de un grupo de jóvenes que hablan sobre su opinión acerca del alcohol, sentados alrededor de una mesa. Me sorprendió la respuesta de una chica, que decía algo así: Yo no veo el alcohol como una droga dura y por eso bebo. Es sorprendente que una persona piense algo así. El tabaco no es una droga dura, ¿también fumará? ¿Por que algo no sea demasiado duro, tenemos que consumirlo? Por suerte, creo que no todos los jóvenes piensan así, pero me temo que el alcohol es lo que une a cierta mayoría de esa parte de la sociedad.

El alcohol, a la larga, produce graves problemas de salud, como cardiovasculares y hepáticos; afecta al cerebro y, con ello, al rendimiento académico; también tiene su parte de daño en lo que respecta a la psicología, ya que la gente que consume alcohol habitualmente no concibe otra forma de divertirse si no es bebiendo; por no hablar de un largo etcétera...

La campaña de la FAD nos pregunta qué debemos hacer con el alcohol. ¿Una ley seca? ¿Un aumento de los impuestos para que se aumente su precio y su adquisición sea más difícil? ¿Aumentar la edad de compra de estos productos? Es algo demasiado complicado. No todo el mundo puede vivir sin alcohol, sin esa cervecita del aperitivo, sin ese vino en la comida, sin esa copita de champán cuando brindamos... y no entremos en el campo de los adolescentes, claro. Serían los primeros que se quejarían si se promoviera una ley o norma para dificultarles el poder llegar hasta él. Removerían Roma con Santiago para poder seguir bebiendo descontroladamente... Es triste, pero muy cierto.

Mi conclusión es, pues, que, hagamos lo que hagamos, sólo nosotros seremos capaces de decidir si queremos o no consumir alcohol. Habría que educar a los niños desde pequeños (no olvidemos que la edad a la que se suelen iniciar en el alcohol es de tan sólo 13 años) y hacerles ver, por todos los medios, que el abuso de esta droga, por muy blanda que sea, les hará daño tarde o temprano.

Campaña de la FAD: ¿Qué debemos hacer con el alcohol?

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