viernes 9 de diciembre de 2011

La caricia del cristal

Mañana gris, como todas en la vida de Ilión, pero esta es especialmente oscura. Hay algo extraño en el ambiente, como una especie de olor embriagador que invita al delirio. Ilión se inquieta, no le gustan los olores tan dulces como ese y se está empezando a marear. «¿Qué diablos es esto?», se pregunta.

Ilión bajó al salón. Todo tranquilo, ni una mosca se encontraba en la gran sala blanca. Miró en la cocina. Tampoco había nadie. Subió de nuevo las escaleras para ver si había alguien en las otras habitaciones. Entró en la más cercana a las escaleras. Una habitación de paredes azules, una cama con sábanas a juego con las paredes y unas hermosas cortinas bordadas en blanco y azul. No había nadie. La cama estaba sin deshacer, lo que era signo de que nadie había pasado la noche allí. «¿Dónde está Dulce?», pensó Ilión, que se extrañó al ver que la joven no se encontrara en su habitación.

Entonces fue a la habitación de al lado. Una pequeña habitación en la que solamente había libros y más libros. La biblioteca de Ilión. En la mesa central, únicamente había un ejemplar de Las Rimas de Bécquer. Le pareció insólito que ese libro estuviera allí, pues ni Dulce ni ella lo tocaban, y no entendía qué hacía allí.

Más tarde, escuchó un ruido que provenía del jardín. Ilión bajó las escaleras a toda prisa, sin mirar si se podía tropezar o no. Corrió hasta la puerta de atrás. Estaba abierta. Pero Ilión no advirtió el rastro de sangre que había desde la puerta de la cocina hasta la puerta del jardín, sólo se dio cuenta de que faltaba un cuchillo. Salió al jardín. Y entonces…

Un charco de sangre bañaba el cuerpo de una chica de unos quince años. La chica era rubia, delgada y bastante alta. Sus ojos estaban perdido es la lejanía, ausentes. Un corte desde la garganta hasta el pecho se mostraba en su cuerpo. Algo más lejos del cuerpo de la joven, había una especie de nota ensangrentada en la que ponía: “Tú serás la siguiente”.

Ilión reconoció el cuerpo. Era Dulce. Ilión no supo reaccionar. La estampa del cuerpo desangrado de Dulce le había provocado un impacto emocional del que era incapaz de recuperarse. Los ojos de Ilión, sus ojos verdes se cubrieron de un manto cristalino. Alguien le había quitado lo que ella más amaba en el mundo, su niña. Ilion gritó a los cielos, maldijo a toda la tierra y se golpeó a sí misma para calmar su dolor.

El corazón de Ilión era frágil, muy frágil. Le había robado la vida. Ahora, estaba muerta en vida. Ya no le importaba nada. Su pensamiento era gris. Su visión de la vida, oscura. Y oscuro fue su final. Tres días más tarde del entierro de la pequeña Dulce, Ilión no lo soportó más, y quemando las fotos de las dos, rompió un pequeño cristal que protegía una foto, la última. Echó la foto al fuego y luego cogió el trozo de vidrio, lo pasó por su muñeca. El cristal acarició su piel con una suavidad mortal. Ilion quedó tendida en el suelo, con la marca de una D y una I en su muñeca, desangrándose poco a poco y viendo como su vida se escapaba con cada lágrima de sangre que caía de su muñeca.

1 opiniones:

  1. Impresionante :) Qué ganas de leer algo tuyo^^

    Por cierto, me encanta cómo pusiste el blog :D

    Besazos^^

    ResponderSuprimir

Hola ^^ Espero tu comentario. Ya sabes que puedes utilizar algunos códigos HTML. Y, como se dice en Blogger, un blog se alimenta de comentarios =)

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